AQUEL DIA DE AGOSTO

 

Me miraste con ojos
de triste despedida.
apretaste mi mano,
mi ser se estremeció,
estabas preparado
para ese gran viaje
y supe en ese instante
que ya no volverías,
y tuve la certeza
que todo se acabó.

Observé aturdida 
tu cuerpo inerte
sobre las blancas sábanas
había desaparecido,
ya no estaba allí,
aquél que tanto amé,
y creí sin remedio
en un mundo distinto,
en otra dimensión
en un espíritu libre
que vive eternamente 
y quizás,
también en ese instante,
llegué a creer en Dios.

Se me quedó huérfana, 
sin calor de pronto el alma,
suspendido en la nada
el tiempo se paró,
el amanecer lloró
con lluvia de luz
sobre las flores secas
en frío y crudo invierno 
aquel día de agosto
para mi se tornó.

Ya no asomaron lágrimas
a mis ojos sedientos 
y te deje partir
hacia un lugar mejor,
a pesar de mi misma,
del dolor,
de sentirme indefensa,
solo me invadió un gran alivio 
en el postrero adiós,
sobre el egoísmo
de quererte a mi lado, 
al fin venció el amor.

Cíes 19/05/2002

(revisado el 23/05/06)

 

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