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Derrame
(No hay poesía, se perdió el encanto.
Y no sirve de nada intentarlo de nuevo.
No aparece la primera frase
ni la siguiente.
No surge la algarabía
del primer verso,
todo es monotonía...)
¡Oh, caballo de blanca espuma
que entre pilares, enhiesto,
recuerdas los rizos diminutos
de la fibra de papel,
me dejaste tirada!
¡En la cuneta!
-Y es que ya no hay caminos de tierra,
todo es asfalto, todo es piedra falsa...-
Y te sentaste en el pórtico,
de espaldas.
El pórtico y tú.
Tu espalda...
-Vivos y muertos entrelazados
dialogando inertes y calmos
en varios planos.-
Presumí tu impronta.
Asumí la belleza.
Plasmé la magia.
No nació nada.
Y te imaginé.
Versada pura y fresca.
Elaborada
sin aderezos de miel ni translúcidas metáforas,
ora como un manantial de risa clara,
ora como una pausa.
Sí... te percibí pura y fresca,
melodiosa, certera,
danzarina, vital y,
sin embargo... quieta.
Quieta.
Tan quieta que...
soy yo quien te danza,
yo quien te quiebra.
Yo quien te mira, te sonríe y te canta.
Yo quien te interpreta...
Y tú: la concordancia.
Agustina 09/10/04
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