|
DOS MITADES
Vedlo caer, hermoso en su caída
el Sol herido, sobre aguas estancadas
flameando su perdición,
en el estrépito de sus cenizas
volitizadas.
No sea, en esa fanfarria delirante
pendenciera en extremo, todo fuera
lluvia en la distancia, silencio en
una noche agónica, anunciando
que viene el día.
Luego dirán los infelices, palabras
tiritando en sus bocas,
fue un momento de arrebato
veladuras de noches sombrías
hablandoles a las sombras.
Pero no saben como acarician, como besan
los labios, esas sombras desnudas
con el mundo detrás de ellas,
¿por decirlo? dulzura oscura
de mi muerte.
Pudiera, no ser más clara
la locura, la deformación, el absurdo
de vivir el silencio en el aire,
respirandolo hacia afuera, y decirte
te hundes, en el fango de la ciénaga
mamando el tratesón de la vida.
Tan adentro, solo puede ser
una visión, de unos ojos cansados
de mirar al cielo,
esperando infructuosamente inmóvil
el prodigio, de ver partirse en dos mitades
las alturas, ¿por decirlo? su púrpura en manto
médula, su fuselaje de cristal
en un amanecer.
Manhausen
25-9-2005
|