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EL LAZO
Enroscado,
abrazando la nada,
cuelga el lazo,
como músculo muerto
de la firmeza de un clavo.
Descendido de la monturas,
y de las ausentes manos
de los arrieros,
se endurece mustio
reseco y olvidado.
Ninguna mano asiste
su textura que se deshace,
en un tiempo intrépido
que veloz lo carcome.
Su enlazada ya no cruzará el aire,
para hacerse pial severo
en la rapidez de la fuga
ni el bronce de su argolla,
brillará en el borneo previo.
Aunque te yerga
pletórico de hazañas,
siempre será mas visible,
el manto del olvido
que amortaja
tus hebras trenzadas.
Maximiliano
21/02/2007
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