EN DEMASÍAS


Era entonces, el aire en su correr
por mi cuerpo,
la sequía,
de no ser solo silencio sacrificado
al estar ahí,
humedal levísimo de mi ser,
lo libérrimo sobrante en la dignidad
de mis sudarios,
lo callado,
se untaría grasiento en mi piel
olorosa a crisantemos.


A golpes,
exhalo la distancia de mi origen
en el tallo arrancado de una mirada.
Yo creía
en la luz blanca, sin mercancias
que ofrecer al veneno de la carne riente,
como mordedura convulsiva
de otra luz,
sangrante por sus ojos.


A silencios,
desaparecen mis párpados resistentes
al oscuro rostro de la noche,
en demasías,
con desvarío facial en el corte de la rosa
inclinada, ente el desmayo,
desnuda ya
del artificio reinante en primavera,
y pétalos caídos del lagrimal de mis ojos
volátiles.


A cienos, oh muerte, la tragedia
del olvido me reboza,
es de día ya,
pasó la oscuridad sobre mi, en guerra fría,
y las horas
no dejan de mirarme, así me hunda,
tratando de agarrarme en el grito
estrangulado, en la garganta.



Manhausen.
17-8-2005

 

 

 

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