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EPITAFIO
Rompiendo el aire gris del campo santo
desesperadamente la llame
¡Madre!... golpeé su fría tumba ¡Tanto!
mas, nadie respondió, en vano fue
Mi madre ya no existe, se ha extinguido
en hielos de la nada, de lo inerte,
para siempre - ,me dije- se ha dormido
en el sueño implacable de la muerte.
P ero terco otra vez volví a llamar
A y! al fin cual paloma de su vuelo
U na voz hacia mi vino a posar:
L as madres siempre viven, desde el cielo…
¡Hijo! Desde el sepulcro oscuro y frío
encalmo las tormentas de tu vida
con luz del alma que no muere, guío
y vigilo tu andar… entristecida.
¡Madre! Tu voz de amor aquí percibo
y mi verso en el mármol ha copiado
las madres siempre viven, hijo ¡Vivo!
moriré cuando me hayas olvidado.
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