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Historia de una pérdida
Entre tus ramificaciones
voy danzando,
ebria de luz
y calcinada de sombras,
bebiendo tus universos
que se deshielan en mis manos.
Y en cada gota
-espejo refractario de piel y canto-
se asoma tu máscara
de hombre sabio
estancado ante la luna,
como un lagarto.
Requiebros de savia y miel,
-prefabricados-
ocultaban tu herencia
de podredumbre y barro.
Dispersos cometidos
alumbraban cielos inútiles:
mi fracaso,
acostado indemne
entre tus brazos,
y perfumes lacios
de hiedra verde
adormecían mi boca,
pululando.
Mil estudios abiertos,
otras tantas razones perdidas,
distraían la mente
y acercaban los careos,
cómplices de tu ausencia.
Sólo me hallaba
cuando andaba perdida
entre tus nieblas...
Y comencé a escribir,
a dentelladas,
arrancando el mórbido velo
que me ocultaba:
Cámara y reproche,
lucero y guarda.
Desmembrados archivos,
criptografía desgranada.
Trillados adjetivos:
sincero, honesto,
amable, amigo,
y otros tantos...
desfilaron
ante
mis
ojos,
desnudos...
en argentino calvario.
Y, ahora sí,
atiborrada de esa luz que te decía,
descoyunté los cerrojos
que modificaban la partida
y cancelé los abstraídos poderes
de tu nombre amargo.
Agustina 23/04/04
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