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HONDONES DE LEJANIA
Debiera tu suspiro, ser la tarde
una exhalación al azar, una
calma lumínica, que acontece
esperando la noche, tu mirada.
Debieran tus labios, besar el aire
austral del atardecer, en caricia
de fuego vespertino, que consume
las horas en hondones de lejanía.
Y no, una polvareda de silencios,
un perderse metafísico en la vanidad
de uno mismo, y en su historia.
Debieras abrazar, la incipiente
oscuridad, como una jarcia de sueños
inconclusos, y morir en ellos.
Manhausen.
17-1-2006
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