LA AMENAZA, ERAN TUS OJOS


Era súbito el arrojo del beso
en tus labios,
la amenaza eran tus ojos
humedal innúmero
y más
una espera ya libre
olvidada de galopes y suspiros.


Oh sí, esa languidez que abruma
tu rostro, o la memoria en oleadas
de aves al afrecho, sobre la carne 
y el deseo, 
oh sí, el hielo,
siempre el hielo, aparece ya sólido
en agujas hirientes, entre la sombra
de tu pubis de cera.


La amenaza eran tus ojos,
consumado el después
antes siquiera de existirte,
he caído bajo tus fuentes, al írseme
tu sombra en improvisos,
así paloma volase hacia 
el Oeste, ligera en el distanciamiento
de ocasos virgenes,
mientras yo desafío al infortunio.



Manhausen. 
9-9-2007

 

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