La mirada de un poema


Un poema,
vaciando testigos,
redactando niveles con su voz,
-parte fundamental de cada verso-
meditando en tu paz, a contracorriente,
se mira, sin preámbulos,
en ti.

La tierra sigue a tus pies,
pero tú no la sientes;
sólo presientes su inspiradora presencia
mientras gotea, lentamente,
la fábula moderadora
creándote.

Y entretanto tú te desbordas
en el lamento tenue
que te ampara de las leyes no escritas
grabadas en tu sien,
y te sostienes
en el contacto versátil que desdibuja,
del contorno de tu ser,
la sonrisa de la bruma...
él te va sumergiendo
en el poso esencial que resiste
el paso loco, avasallador,
del acoso del querer...
y te confiere,
con generosa ecuanimidad,
tu inasequible transparencia.

 

Agustina 11/10/04

 

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