LÍRICA



Pendientes tuvo la noche
engarzados en luceros,
y en el rimel de su ojo
sus arañitas de espejo.

Juegan columnas de aire
bajo las fuentes del cielo,
bajo la hoja hecha barco
largos silbidos de viento.

Bajo los brujos del humo,
lenguas dolidas de fuego
se hambrunan la hoja de azúcar
en su crepitar dantesco.

Manos de camelias blancas,
palabras rosa y silencio.
unieron su hierbabuena 
con el limón del acento.

Palabra de primavera.
Virgen de flor y jilguero.
Era su deseo trotado
por el latir de sus pechos

Se enhebraron cuatro ojos
con sus manos y cabellos,
guardando como crisálida
la mariposa de un beso.

Rompe el aliento mordido
vientos que gritan silencio
arrullando las glorietas
de un amor como un espejo.

Sobre el bordón agitado
el romance de un bolero.
Los corazones cantaban
sobre las ramas del viento.

A la espalda de la joven
alas de amor y te quiero,
aprendió a volar el alma
sobre el valle del mancebo.

Sobre el alfeizar del dicho
los amores de los versos,
Sobre el rincón de lujuria 
los ojillos de unos viejos.

Pepe Martín

 

 

 

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