LO ÁLGIDO

Dijera del aire,
al entrar y salir del espíritu
que te huye,
más entonces
la noche hunde sus raíces,
en los sueños mártires
de multitudes huecas,
y los silencios reinan.

Más quisiera deshacerme del delirio,
a la espera ciega del temblor de tus arterias
sin opción posible en la omniscencia,
habrá la languidez del después serenar
lo álgido del suspiro,
no hay recodo que bordee esa brusquedad
ni caminos que avancen por los gemidos,
naciendo como espadas.

Tendré que secar el sudor rítmico,
brotado del manantial del recuerdo
y cerrar la herida,
en la zozobra airada del olvido
dejando hacer al deseo.

La incertidumbre llega,
arrasando al sol
en el renacimiento.



Manhausen.
13-6-2005

 

 

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