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LOS CABALLOS
No sé si los caballos tienen algo de divino,
pero los he visto galopando,
desde el Exodo al Apocalipsis,
montado por reyes y esclavos,
por el Anti y por el Cristo
por inquisidores y fugitivos.
No sé por qué los caballos,
me parecen tan humildes
y sin ellos,
estarían vacías la mitad de las páginas de la historia.
¿Qué habría conquistado Alejandro el Macedonio?
¿Y el pequeño Bonaparte?
¿Y en América la Corona Española?
No sé por qué, he aprendido a amar tanto los caballos,
no el de pura sangre;
no al de regia estirpe,
ni al fino, ni el refinado,
ni el reservado para los aplausos
Yo soy devoto del jamelgo,
de rocín endurecido por el trabajo,
de la jaca, del pingo que surca la llanura,
el garañón de crines hirsutas, el de mataduras cicatrizadas,
amo, el caballo triste del potrero,
el de belfos espumosos por el esfuerzo,
el con tintes de bagual
el que soporta estoicamente el invierno
cobijado bajo los pinos.
el que sobre sus lomos
me ha hecho atravesar medio Chile.
No sé si estos nobles caballos
tienen algo de adivinos
por que en noches frías, arriba en la montaña
descubren las sendas escondidas,
en las cornisas de los riscos,
caminan con firmeza por los desfiladeros umbríos,
vadean ríos, e incansables trepan.
las mas empinado de las cimas.
No sé por qué amo tanto los caballos,
será quizás, por que parte de mi historia
la he escrito con ellos en horas largas
montado sobre la silla,
como siempre sin espuelas,
solo con un horizonte lejano
pintado en los ojos.
Maximiliano
03/12/2006 |