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EL HIJO
Es de suponer que tuve papás. . . Y los tuve. . . Además de eso, tuve dos. . . Mi papá, de sexo masculino, y mi mamá, de sexo femenino… (eso lo supe después).
Mi papá era una cosa grande con un maletín y mi mamá una cosa más chica, con delantal. .
La casa estaba llena de muebles, que estorbaban mucho y una escalera que llegaba al segundo piso y que tenía un “descanso” donde no descansaba nadie. . .
Mi dormitorio estaba arriba y tenía una ventana que miraba a la calle justo frente alas peleas que armaban los indios que venían a emborracharse donde la señora Tronca. . .)
Había, también, una despensa donde me encerraban en castigo y que hubiera sido terrible de no ser por el tarro de ciruelas secas..
No debo haber sido muy buen hijo porque nunca le hice un regalo a mi madre para su cumpleaños, ni a mi padre para su día. Además nunca les di el abrazo de Año Nuevo ni les dejé un chocolate, debajo del árbol, para la Pascua.
Claro que debo decir, en mi descargo, que las fechas de sus cumpleaños no las supe nunca y para el Año Nuevo, a la hora de los abrazos, ellos ya hacía rato que estaban durmiendo.
No tuve nunca gato ni perro, pero tuve, sí, un hermano más chico, del que voy a hablar después, y que llegó a echar a perder todo lo bueno que tenía la casa. . .
Con mi padre me encontraba sólo a veces y lo que más me gustaba era la de la hora del almuerzo cuando él se sentaba a la cabecera de la mesa justo al mediodía) y conversaba cosas de su trabajo.
A mi madre la encontraba a cada rato y la que menos me gustaba era la de la mañana, cuando me despertaba para ir al colegio…
Después nos cambiamos de casa. Yo había crecido mucho y mis padres se habían achicado demasiado.
Yo pensaba cosas y ellos no pensaban nada.
Teníamos una casa linda, con muebles que ahora no estorbaban, con una despensa que no me daba miedo, no había segundo piso, pero si lo hubiese habido yo podría haber subido los escalones de cuatro en cuatro. No se podía fumar, no se podía llegar tarde, no se podía llevar amigos, no se podía tener una novia y no se podía de todo.
Era linda mi casa. Con un ¡NO! Grandote y un jardín precioso.
A lo mejor es cierto y fui un mal hijo, pero yo no puedo ver mi maldad
Hoy miro a los míos y sufro pensando en que a lo mejor fracasé, también, en mi intento de crecer con ellos.
Ser un buen hijo es muy difícil, pero ser un buen padre es tan difícil como
eso.
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