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MI RENACIDA
Flamígera llegaste entonada
en la noche,
vidriosa en tus encantos florecidos
rosa pálida,
con el deseo olvidado en los espejos
floritura de colores desvaídos,
en las lágrimas sinfónicas
del tul en la niebla vespertina,
desnudando tu piel
como una ofrenda,
al silencio de tus días hirientes
de luz de sangre,
con tu mirada magma, implacable
de tus ramajes de raza rojos.
Ruge adentro, más allá de tu voz
las cenizas en lozanía horadante,
hambrienta del eco que responda
a tu llamada en el aire,
como si el mundo escuchara
el nacimiento de una simple hoja
o el sonido del oleaje.
Vedla venir múltiple, abierta
llevada por la brisa, centelleante
oliendo a tierra, toda ella espuma
coralina en el oxigeno,
por consuelo tu llama en el inicio
siempre, incandesceste a tu tacto,
insensible a la quemadura del tiempo
torrencial, de esa lluvia de minutos
interminables, como púas de estaño
envenenadas.
Vedla ahí, medio etérea,
medio carne, violando la espesura
de la fascinación de Júpiter
por la hermosura,
mi renacida.
Manhausen.
26-9-2005
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