MIDO


Mido la cicatriz de luz que me dejaste 
en lo insondable de las córneas extasiadas,
y me duele el hierro, y la cintura, y el hueso,
y la puerta del alma que me hiciste día.

Mido los dedos del aire que dejaste a tu paso,
táctiles ahogos a mis ansias desmedidas,
pájaros que emigran por mi dermis
hermanados a mi sangre desplomada,
enjambre de avispas rojas 
que resucitan entre mis labios mordidos.

Mido la distancia en agrónomos latidos,
y me duele el amarillo de la tierra que quedó a mis pies 
como un azufre vivo de fuego volcánico
que exhala un adiós, ya se ha ido,
te has quedado solo como la entraña parida.

Pepe Martín

 




 

 

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