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POEMA III DE LA
DESTRUCCIÓN
EL RECUERDO.
Se nos va la eternidad azul de las estrellas
al morir por primera vez,
y vamos dejando muertes en el olvido
debajo de las losas.
Las flores siempre fueron de los cementerios.
A esto llegamos aquí, dejando el dolor
en la sangre retenida en esas tumbas
de anónimo nombre, bajo cruces.
No es la herrumbre, ni el dolor, ni la podredumbre
del tiempo en los mármoles,
tampoco las grietas abriendo el llanto
de los muertos, ni el rumor de una palabras
en ausencia pronunciadas.
El suspiro es el canto infame del recuerdo
exhalado en purpúrea soledad,
de un lamento quebrado de campanas
sin voz.
¿Ah, como late el silencio en velocísima
majestad en los gestos?
Como nos llama la aurora entre el tumulto
sin nombre, sin Luna a que mirar,
y refugiarse en ella.
Los deseos siempre se entierran en los cementerios.
Manhausen.
24-10-2006
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