SOSPECHA


Me dijo que por ausente 
nunca tuve la razón,
mas yo le di mi corazón 
con sal incrustada en sus heridas.

Bien sabe Dios que la soñaba
sin el cristal empañado de los celos,
que nunca quise olvidar 
la cicuta que me envenenaba
aunque colgó de mi cuello 
la tizne de la sospecha.

Esos dichos afilados a destiempo
son mortaja con cintas de rosas negras.
Estamos viviendo un amor 
bisagra entre dos cuchillos.

Quitad, quitad de mi pecho crédulo 
el metal de esta sentencia.
que no hay nadie más receptivo al engaño 
que el que escucha a la persona amada.

Pepe Martín

 

 

 

 

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