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VÍVANME
Y a pesar de todo vívanme, no se me mueran
por tan poco, a todos nos dejaron alguna vez
después de usarnos.
No es cosa ligera desprenderse de uno mismo
en el balbuceo, ni ser relámpago en otras manos
liquidas y saltarinas,
lo peor es dejarse pasar, quedarse en aquellos pechos
eléctricos, rodar cadera abajo por la corriente
emputecida de su piel, y ahogarse en su boca hambrienta
de exceso, de veras el exceso es caprichoso y dulce,
terriblemente dulce, opiáceo casi irreal.
Por eso vívanme, no se me mueran en la espina
engendrando llanto, ni piensen siquiera en el olvido
para abolir la distancia, eso sería engaño, mentener
una ilusión pútrida en el encanto del sufrir, porque
si de dolor se trata, desapúntenme de ese grito, de esas
lágrimas, de esos himnos, de esas campanas tocando
a muerto, y déjenme con mis rosarios a la entrada
de mis excesos.
Vívanme, no se me mueran, acéitense con el ámbar
la su hermosura, úntense de tiempo mercurial, escúrranse
y zumben, como nunca lo hizo el colibrí en la Amazonia.
Manhausen.
13-2-2007
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